Creo que Pearl Jam es el grado cero del rock. Todo está ahí. Porque por ahí en los Beatles tenés algo, en AC/DC otra cosa, un poquito de Arctic Monkeys o de Radiohead y sale. Pero con Pearl Jam lo siento, lo escucho y lo toco. Puedo tocarlo: ahí está, para vos.

El año pasado me calenté con un box set que vi en una disquería acá cerca de mi casa. Son tres recitales completos en el Gorge, un lugar cerca de su Seattle originario, dos de 2006 y uno de 2005. Escuchá esto.

Sentí la gente. Cuando salieron acá me acuerdo que lo primero que pensé fue: “guau, Eddie Vedder”. Salió Vedder con una camisa grunge, el pelo largo, barba y una Tele, si mal no recuerdo. Abrieron con “Breakerfall”. Siguieron al toque “Animal” y “Do the evolution”. Demoledor.

Entra el riff de guitarra. Solo. Después de los dos primeros versitos entra el bajo y la batería, mucho bombo. La letra habla de un tipo que la estaba pasando mal, se sentía solo (“…sin un aaaaamor…”) y entonces se fue hasta el océano (en esta versión dice a las montañas), donde se sintió elevado por el viento. El viento le dio alas.

“El viento lo golpeó como una piña en la mandíbula/ le dio alas/ ahora miralo dónde está”, sigue el estribillo. Fijate cómo cambia la batería de bombo bien abajo, potente, a redoble y hi-hat más rockero tradicional, y cómo eso le da el empuje a la canción. Cómo le da alas, también, a la canción. Y a la gente.

Juanita cree que puede volar. La música le da alas y también le da la capacidad de poner a flotar su imaginación. ¿Qué me gustaría hacer en este momento? Seguramente la mayoría de las veces no sea lo que efectivamente estamos haciendo. Juanita quiere que eso cambie, que las alas que necesitamos en nuestra vida estén siempre cerca nuestro. Las guardamos en nuestro interior.

Todos podemos Volar. Todos tenemos alas. Es cuestión de encontrar aquellas cosas que le dan vida a esa sensación. Juanita les desea una linda semana.

Tatiana Berghmans