La música le genera sentimientos a Juanita. Hay temas que la hacen recordar. Otros llorar. “Little wing” le despierta todo tipo de fantasías sexuales. Las violas de ese tema la hacen v(i)olar.

“When I’m sad, she comes to me…” ¿Una Chica? ¿Una droga? ¿Qué diferencia hay? (“How much difference does it make…?”)

Descubrí el tema por Hendrix. Otro día escuché la versión de Vaughan y fueron diez minutos de éxtasis irreparable. Desde ese día cada vez que lo escucho y cierro los ojos aparece la psicodelia sexual. No lo puedo evitar. Sepan disculparme.

Jazmines, una cama, una mujer con la que tengas suficiente piel y little wings… ¿Momento ideal? ¿Existe? De la mano de la música Juanita cree que sí.

Eso sí, fijate que no se te caigan los jazmines cuando estás bajando del colectivo. Garrón. Algo me distrae. ¿Fuiste vos? ¿Fue la Música? Acaso. ¿Vos no sos como la música? “With a thousand smiles, she gives to me free”.

Juanita quiere volar, “Fly on little wing, Yeah, yeah, yeah, little wing.”

Dicen que las alas están hechas para volar.

Dicen que si te gusta el duranzo, tenés que aguantarte la peluza.

Dicen que que cuando termine “Little wing” vas a tener que volver y no lamentar. Seguir con tu vida y seguramente en algún momento vuelva a sonar. El camino también es parte del deseo.

Juanita le agradece a Hendrix y Vaughan por semejante obra de arte. (Che, creo que la de Pearl Jam no se queda atrás…) Por ese único pasaporte al flipe. Juanita recuerda a todas esas personas que hiceron de un sonido algo eterno. Hay melodías que suenan lo que dura el track. Hay Melodías que duran para siempre. Fly.

Y así nos vamos. Chau, che.


Nel Blu Dipinto Di Blu