Es difícil escribir sobre música experimental. Lo que hay que hacer es experimentarla. El recital de anoche de Nels Cline Singers en La Trastienda fue un trance con todas las letras y Juanita, una vez más, estuvo ahí para contarlo.

Hablando de comparaciones, estaba cerca de Medeski, Martin & Wood. Más colgado, si querés: no siguen tanto el estándar, pero con estructura jazzera más alguna que otra locura (¿por qué el bajista tiraba monedas arriba de las cuerdas?) El centro de atención teóricamente era Nels Cline, legendario guitarrista y actual miembro de Wilco, pero cada músico era un personaje (tenían su presencia en escena: el batero parecía de Stratovarius, el bajista claramente tenía una formación profesional importante).

Nels no paraba de maravillar, pero no abusaba. Si bien había samples y ruiditos tipo King Crimson y King Kong, hubo también un segmento “estrictamente”, si se puede decir, o “tradicionalmente” jazzero. La música convulsionaba.

El lugar, si bien era apto para un evento “de culto”, no alcanzó a colmar ni siquiera sus escasas dimensiones. Anunciado para las 21 hs, la poca nutrida concurrecia de mayormente jóvenes de entre 25 y 35 años “entendidos” de la música hizo que se retrasara media hora. El clima, amigos y buena música, alentaba el vino tinto, que corrió a raudales. La última salida de Juanita había sido a este mismo lugar pero viendo a Massacre, con gente parada tomando cerveza: es increíble cómo la gente hace al lugar. Anoche parecía un café concert.

La excusa de esta visita fue la presentación de su nuevo disco doble, Initiate. La banda formaba con Devin Hoff en contrabajo y bajo eléctrico, Scott Amendola en batería y samples y Nels Cline en guitarras y demás. Tras una introducción progresiva a pura psicodelia en la que fueron sumándose los instrumentos, arrancaron con “Forge” y desfilaron muchísimos estilos que solo podríamos calificar de “fusión”. La invitada especial fue Yuka Honda, quien se encargó de los sintetizadores, y el extraño Jorge de Perú, “que un día se dio cuenta que sabía tocar percusión”.

“La guitarra” es un decir, porque Nels no paraba de incorporar periféricos (siempre analógicos) a su instrumento. Los efectos nunca sonaron excesivos, siempre se acoplaron bien a la propuesta estética de su música. Por momentos, en los temas más rockeros, hacía acordar a Robert Fripp. En otros, a The mars volta. Tras 100 minutos de música y solo un bis bastante depre (“Something about David H.”), The Nels Cline Singers se despidió de Buenos Aires dejando ganas de una segunda vuelta.