Juanita ama a las multitudes. Donde está el quilombo, las aglomeraciones, la música: ahí está ella. Perdiéndose, tal vez; tratando de encontrarse, siempre.

El sábado fue un día atípico. Los últimos estertores del invierno habían dejado lugar a una pegajosa baba de primavera antediluviano. Lo cierto es que la lluvia nunca llegó y el día sumergió a Buenos Aires en un sopor de calor y humedad, tan característico de nuestra ciudad. Y ahí estábamos, en plena avenida 9 de Julio, frente al Obelisco, escuchando a la West-Eastern Divan Orchestra y su conductor:

chan chan

Daniel Barenboim.

¿Por qué Juanita fue a escuchar música clásica? Eso es cosa de viejos, dirán algunos. Basta de basura macrista, se quejarán otros. Pero a ella no le molesta eso: a ella le atrae la música y el sentimiento. 40 israelíes, 40 árabes unidos por la música y por la humanidad de un excimio músico que, para colmo, es argentino. Y palestino. E israelí (el primero en ser de las dos nacionalidades).

Así que ahí estaba, con las patas colgando de la pared del estacionamiento subterráneo, entre cientos de miles de personas escuchando la 5ª sinfonía de Beethoven. Y ahí estaba un día después, a unos metros nomás, en el Paraíso del Teatro Colón. Será por eso de que “para los pobres es el reino de los cielos” que le pusieron Paraíso, porque mejor responde a su nombre popular: gallinero.

Como dije una vez del jazz, de más está decir, es a esa música lo que la miel a unos labios sedientos. La Sinfonía nº 8 en Fa mayor de L.V. Beethoven bajo la dirección de Daniel Barenboim es a esa música lo que la… No sé, es inefable. Sepan disculparme. Tanta emoción hizo que se me escape un pequeño detalle. Todas estas matices sonoras uniéndose, mezclándose y generando armonías celestiales bajo la internacionalmente reconocida acústica de nuestro Colón. Touché.

Creo que si hubiese escuchado la misma sinfonía dirigida por Abbado o Karajan (otros dos pichones) e interpretada por la mismísima Sinfónica de Viena no hubiese detectado mucha diferencia. Juanita no tiene el oído entrenado para esta música. Es como tomar un whisky de 20 y otro de 30 años. Tenes que ser un capo para detectar la diferencia. Si no, sos un tarado que habla mucho y le da igual un Bordolino, o un Felipe, pero a la hora de hacer alarde de sus conocimientos enológicos se hace pasar como un Hendrix para la psicodelia. La realidad es que el Colón abunda de esta clase de capos (snobs o vendehumos). Pero no voy a entrar en detalle porque Juanita no bastardea. Aunque estoy bastardeando, sepan disculparme.

En fin, lo que Juanita quiso expresar con el párrafo anterior es que no va a hablar de movimientos, tiempos o blends. Va a intentar plasmar en algunas oraciones lo que le generó emocionalmente este concierto.

“Es cuestión de llegar, sentarse, entrecerrar los ojos y dejar que la seda acaricie nuestro oídos. Acostumbrado a la amplificación, el oído no entrenado sentirá la falta de potencia al principio. Este efecto durara solo unos minutos. Luego, armonía y mariposas. Un viaje sin fronteras, en el cual dejamos de ser personas y pasamos a ser música. Colores, lugares, sonidos, sentimientos, música. El poder de la misma esta representado en un todo. Sólo queda dejarse llevar. El tiempo dejó de ser tiempo y el espacio dejó de ser un lugar.

A Juanita también le llamó la atención la cultura de la música clásica en el Colón. Al igual que el punk y el rock es más que sonido. La define una estética, un ritual y muchos personajes elitistas que se creen más por dejarse acariciar por estas melodías. En fin, el Colón es para ir a escuchar música y vivir esa experiencia que es algo increíble. Recuerden que la música no tiene fronteras y que cualquiera con ganas de sentirse parte de la sound merece la oportunidad de vivir esto. No me fallen, vayan el viernes a la noche a escuchar a Damas Gratis y el sábado por la noche al Colón.

Un aplauso muy fuerte a Ludwig van (el de La naranja mecánica) por haberle obsequiado a este mundo semejantes obras de arte. Un aplauso más fuerte por demostrarle al mundo que la música va más allá de lo oídos. Se debe sentir en el alma. Se debe ver en colores. Vibra.

Se me viene una sola pregunta a la cabeza. Ludwig ¿cómo mierda hiciste todo esto estando sordo?

Y… ¿qué es lo que le da esperanza?

DB: “Hacer música. Porque, ante una sinfonía de Beethoven, el Don Giovanni de Mozart o Tristán e Isolda de Wagner, todos los seres humanos somos iguales”. (juanita siente lo mismo)

Chau che…..

“Uno puede hacer música sólo por diversión, o puede desear esta.
unidad, la perfección, la búsqueda de conexiones, comprender un
fenómeno y no como algo aislado, ya sea el ritmo, la melodía o la
armonía. Todo está siempre conectado a lo demás”. DB