El recital: Perlas y almejas

Nadie pensaría, al ver a Fernando Tarrés, que se trata de uno de los emprendedores musicales más destacados de la última década en el jazz argentino. Director del sello BAU, desde donde editó a Ernesto Jodos, Mariano Loiácono y Barbie Martínez, entre otros, también como músico ha conseguido un lugar destacado en la escena jazzística porteña.

Uh no, pará, ¿qué te pasa Juanita? Arrancaste como una crítica del

Un ataque de violín ya desde el principio asusta a Juanita, que estaba sentada plácidamente tomando un Bellini en ese hermoso lugar que es Thelonius. Se siente el dolor, esa cualidad de la música de Piazzolla que salta con cualquier arreglo, con cualquier instrumentación. El solo de guitarra de Juan Pablo Arredondo, casi sin quererlo, nos devuelve a la senda del (free) jazz.

Damián Bolotín es el encargado del violín, claramente el instrumento que mejor crea la atmósfera piazzolliana de la noche. ¿Qué es lo que hace que reconozcas a una música?

¿Una nota? No

¿Una armonía? No

¿Un sentimiento? Tibio. Es eso que sabés pero que en palabras no se puede expresar. Piazzolla está ahí, lo sentíamos, Juanita podía saberlo, y no solo porque lo decía el programa y porque Tarrés mismo se encargó de enfatizarlo. Nos enteramos también de que es un trabajo comisionado por el Festival de Jazz de Buenos Aires, en el cual estarán estrenándolo, en diciembre.

Rodrigo Domínguez en saxo, Carto Brandán y Jerónimo Carmona en batería y contrabajo respectivamente (la base rítmica jazzera más rockera que hay). Tarrés en un discreto segundo plano, dirigiendo este caos en medio del cual él parecía estar aislado. Como una perla dentro de una almeja de sonido.

El disco: Licuadora de sentidos

Abre un saxo derrapando por unas notas encadenadas como si no quisieran ya pertenecer a este mundo, como luchando por escaparse pero sin poder, ¡dejame, dejame salir, no quiero! ¿Por qué se llama “La realidad” el tema? Preguntáselo. Ahí te responde. Intenta, de a poco, construir un ritmo, una cadencia, entra en cauce porque parece entender que la realidad es lo más real.

Pero Juanita cree que no hay nada más real que la música.

El piano de Ernesto Jodos ataca. El bajo de Jerónimo Carmona hace lo propio pero el saxo de Rodrigo Domínguez sigue ahí. No quiere morir. Ya se suma el resto de la banda y este combo al mando de Fernando Tarrés en guitarra y composición empieza a tomar el color de free jazz y chacarera, bebop y zamba, que nunca nos podríamos haber imaginado que existía.

Todos parecen cansados. De ahí que en cada tema del disco, de este bloque abierto y sabroso que es Cruces, haya tenga que remitirse a su título. Sigue “La realidad”; ¿es de ella de la que están cansados? La batería de Carto Brandán no se queda quieta, intenta inmiscuirse en los rincones de los sonidos pero trastabilla. Y sigue intentando.

“Los sueños” tiene una repetición pesada pero seguida por un encabalgamiento bien folklórico. Por primera vez podemos escuchar con claridad la guitarra española de Tarrés, que le va cediendo el turno a sus compañeros, un verdadero dream team del jazz argentino. Ya con “La ansiedad”, de menos de 3 minutos, entendemos de qué la va: titubeos de guitarra, de saxo, de bajo. Son 10 temas, 10 sensaciones y climas. “La angustia”, “La introspección”, por ejemplo.

A Juanita le gusta que la música la lleve por caminos riesgosos, llenos de aventuras y con un sinfín de sensaciones.