Como diría Michael Mike,

“Llega el verano
Coto va a venir.
Llegan las vacaciones
Coto está feliz”
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No sabemos a qué viene lo de Coto. Pero sí que llega el verano, empieza el calorcito y las huestes que merodean la noche porteña empiezan a salir de sus escondites para vaguear por las calles. Uno de los más apacibles lugares que se puede visitar en esta temporada se llama Café Vinilo.

Juanita llegó a Gorriti 3780 con una misión: ver al quinteto de Juan Cruz de Urquiza interpretar los clásicos del post-bebop. Se trata de una antigua casona reciclada con patio central y lo que eran las habitaciones a los costados. Juanita estuvo 10 minutos ante las puertas de los baños tratando de descifrar cuál era de hombres y cuál de mujeres: decoraciones étnicas, sogas y retazos de madera no facilitaban la tarea.

Todo en Café Vinilo es cálido y suave. La sala de conciertos, reabierta hace poco tras una fatídica clausura del gobierno, consta de gradas al fondo, con capacidad para unas 30 personas, y en el resto decenas de mesas con lugares a compartir. Allí se ubicó Juanita, frente al escenario sobre el cual, apenas pasadas las 21.30 hs y apagadas las luces, aparecieron los músicos.

Arrancó la batería de Eloy Michelini con el clásico de Wayne Shorter “Black nile”, fresco y cadencioso. El primer solo estuvo a cargo del anfitrión, Juan Cruz de Urquiza, en trompeta. Rigurosamente lo siguieron el joven pianista preferido de Juanita, Francisco Lo Vuolo, el saxofonista Carlos Lastra y el contrabajista Pablo Motta. El segundo tema, más uptempo, fue “Nutville”, de Horace Silver.

Efectivamente, la consigna de la noche se vislumbró en estos nombres, sumados a los de Woody Shaw, Joe Henderson y Victor Feldman que vendrían después. Fue el tercer tema, “Katrina Ballerina”, de Shaw, el encargado de relajar la atmósfera tras la presentación de la banda. Unas luces azules empañaron el rojo que hasta entonces había teñido el telón de fondo. Por momentos la trompeta de Urquiza se acercaba a la suntuosidad de un Enrico Rava, pero después pegaba en el palo y salía. Motta se lució con un hermoso y lírico solo de contrabajo con arco.

Luego llegó  “Joshua”, de Victor Feldman. A Juanita le pareció increíble la capacidad de Eloy para crear climas tan distintos dentro de un mismo tema. Los arreglos de las canciones dejaban bastante espacio a las individualidades, funcionando por momentos a la manera de un rompecabezas en el cual las piezas más alejadas logran combinarse a la perfección -como en el caso de Eloy y Lo Vuolo. Para el quinto tema, “Peace” de Horace Silver, Urquiza se pasó al flueguelhorn -qué forma rara, pensó Juanita.

La atmósfera del Vinilo era una mezcla de recital y café. Y sí. Qué tonta. A Juanita le está pegando el calor. Bueno. Los tres últimos temas fueron “Seven steps to heaven” de Feldman, “Infant eyes” de Shorter y “Mo’ Joe” de Joe Henderson. Ante la avidez del público los músicos regresaron (aunque Urquiza ya había adelantado: “si quieren un poquito más, tenemos algo”) para hacer un fuera-de-programa de Thelonius Monk. En suma, si quieren disfrutar de un recital con lo mejor de la escena local en un agradable lugar, no dejen de pasar el próximo viernes por Café Vinilo.

Juan Cruz de Urquiza quinteto: “Clásicos del post be bop”. Juan Cruz de Urquiza (Trompeta y flueguel), Carlos Lastra (Saxos), Francisco Lo Vuolo (Piano), Pablo Motta (Contrabajo) y Eloy Michelini (Batería). Viernes 12 de noviembre. Café Vinilo. Gorriti 3780 (y Salguero). Tel: 4866-6510. Entrada: 30$. Anticipadas: 25$.