Empezamos por Laberinto. Ese que hace de villano, canta y baila. Gremlins, monstruos, era el bizarro perfecto. Tanto glam-rock que hizo una película.

“Dancin’ in the street”, la época más bala de Bowie. ¿Por qué ese bombo-redoblante suena en todo lo de los ’80? ¿Qué onda Bowie y Mick? ¿Y Angie? ¿Modern love?

Los temas depre de Bowie también… “Wild is the wind”, casi un himno. Tiene una voz sufrida, casi operística, demasiado! Y la guitarra, clean, que se siente más. Tomaba mucho de todo.

¿Con Freddie? “Under pressure”. ¿Por qué se juntan los músicos? ¿Qué vieron el uno en el otro? ¿Por qué se juntan Nacho, Alvy y Rubin? Es lo mismo, eso es lo importante. Con la diferencia de que unos se juntan en el living de Villa Urquiza y los otros en Abbey Road.

Me hace acordar mucho a Charly. Tiene discos bien rockeros onda “Popotitos”, y tiene sinfónicos. Te puede hacer discos de 20 hitazos y también un Station to station con 6 temas, uno de diez minutos. Una “Sound & vision” que empieza con dos minutos de instrumental y recién ahí entra a cantar; la metió #1. Y con su relación con otros músicos, ese Charly que produce a Los twist, toca con Fito Páez y Fabi Cantilo y después se manda un MTV Unplugged y graba un video con Celeste Cid. Bowie también es un camaleón: del glam, Iggy y Ziggy stardust a Brian Eno. Le faltó hacer un cuarteto con la Mona Jiménez.

Una pupila más chica y una más grande. Y encabezando uno de los discos más grandes de la historia, Space oddity.

No creo en el amor moderno.