The Wall (2012)

La dicotomía de que se te vuele la capocha controversialmente, paradoja estimulante.


“Gran show, pero me quedo con la estetica austera de los recitales anteriores. Teniendo en cuenta la magnificencia del evento solo voy resaltar las caracteristicas negativas del mismo: Nueve veces suena a parto, “nueve” repitiendolo suena hasta innecesario. Demasiado merchandising, demasiado shopping, demagogia innecesaria de parte de Roger antes de empezar el show (como en sus apariciones televisivas en la previa). Perdon, “Hey you” no es un track oculto en el disco, entonces… ¿Por que carajos lo tocan escondidos? Mucha sonrisa, mucho gesto para un tipo que se sabe es super parco. Poco creible.
El mejor recital que vi en River sigue siendo AC/DC.
Gracias
Felicidades” 

Martin (amigo de Juanita)

Termina el recital, mensaje de mi novia “me voy a dormir es muy tarde”, automáticamente la llamo y me pregunta “¿estás contento?” “Estoy flipado. Ojalá puedas venir a verlo”.

Esos recitales que, ya de movida, por lo que pagaste, sentís que tienen que gustar. A partir de un cierto dinero, ya juegan con tu sinceridad, incluso íntima. No es solo para decirle a los amigos que se lo perdieron, “¡no sabés lo que te perdiste!” (o sea, yo tengo el ticket que lo acredita). Es como pertenecer a un club muy exclusivo, el club de los The Wall, de solo 400.000 personas. Sentí que la gente estaba yendo a ver The Wall como si estuviera viendo una buena película pochoclera.

Nadie duda de la monumentalidad ni la calidad multimedia del espectáculo. Y musicalmente también sigue siendo la obra épica que fue al momento de su salida, hace 32 años. Pero para el criterio de Juanita, el Cielo de esta composición fue claramente en los ’90, la puesta en el Muro de Berlín. Con Cyndi Lauper revolcándose en el piso y cantando “The wall”.

Entendamos el momento y el lugar que está. El show de los ’90 también se dio por las cosas que sucedieron en ese momento. Ese show sí que fue revolucionario. Ahora, no llegó a tanta gente como ahora. ¿Qué queremos? Lo que hizo ahora fue traducir lo de los ’90 con plata y con tecnología. Faltaba energía, faltaba potencia, faltaba emoción que no se mide en kW, tanto del público como de Él. Y bueno, muchachos, ya vamos como cinco River, qué pretendemos…

En estos recitales, la gente espera el mejor tema del recital en la segunda mitad. Pero acá qué pasó: ¡el segundo tema es “Another brick in the wall”! De ahí en adelante…

¿Dónde está el secreto del éxito? ¿Por qué cientos de miles de argentinos treinta años después se lanzaron a ver esta obra? Y ahí vemos que algo de espectacularización tuvo que intervenir. ¿El fenómeno Wachiturro tendrá algo que ver con The Wall, sociológicamente hablando? ¿Cuántas copias vendió The Wall en Argentina? ¿Mil? El problema es la palabra fanatismo.

No soy fanática de nadie.

Un cincuentón tostado en un Porsche Carrera circulando la plaza Devoto escuchando The Wall al palo.

¿Dónde estás, Pink? Is there anybody in there? Mucho out there

Me llama peculiarmente la atención la forma de andar del público de estos recitales. Caminando a una velocidad semi-apurada, cara medio de canchero, y te cruzan la mirada como diciendo “vos vas a ver a Roger Waters, ¿no? Yo también”. Y después entrás al recital y te da miedo llorar y cantar porque nadie lo hace. Un río de cabezas aplastadas por el mismo pie.

Es verse a uno mismo viendo The Wall.

Se sabe que cuando termina el recital, en el momento previo a caer el muro, se escucha el grito “TEAR DOWN THE WALL”, derriben el muro, y es la cúspide del recital, donde todos tienen que cantar, gritar y ver caer el muro. No el de Berlín. Acá nadie gritó. Mucho menos se emocionó.

Hablemos un poco del señor Rogelio. Era una persona arisca, casi huraña, muy compenetrado, para adentro, con lo que hacía. Y acá estaba sonriente, complaciendo a la gente, mostrándole lo que quería escuchar. Lo mismo en la puesta. Recordemos esas imágenes psicodélicas, personajes de otro mundo representando increíbles metáforas de la vida y de la locura y de The Wall reemplazados en 2012 casi todos por niños sonrientes y de colores oscuros.

La atmósfera de “no te lo podés perder”. Porque te lo dicen Motorola, Personal y Visa. Yo escucho cómo se caen las barreras del capitalismo. Decía “Capitalism” con la C de Coca-cola. Los límites de la ironía. Y Movistar con la M de Motorola (pará, ¿no es lo mismo? para-doja?)

Todo el merchandising que vendían era de Pink Floyd. Y ni siquiera se lo vendía así, era “Roger Waters presenta The Wall”.

Moraleja: si salís de un recital emocionado/emocionante después de haberte fumado cuatro churros, nunca digas que fue lo más de lo más de lo más de lo más. Señoras y señores, el esteticismo llegó a Pink Floyd.

Se lo merece. Juanita recomienda que lo vayan a ver y que lo disfruten desde ustedes, para ustedes olvidándose por dos horitas de casi todo de lo que se dijo arriva.. Un recital psycho-pop, tampocoo hay que ser más papistas que el Pink Papa.